Reducción de la jornada laboral

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Escrito por: Rodrigo Pereira

| Septiembre 4, 2019 -

4 min. de lectura.

Innovación y  creatividad como drivers de la productividad

La reducción de la jornada laboral de 45 a 40 horas ha concitado gran atención en la opinión pública. Esta a generado opiniones divergentes sobre la relación jornada laboral/productividad. Es habitual leer o escuchar que Chile es un país poco productivo. Lo cierto es que estamos en el 10° lugar de productividad frente a los 35 países que conforman la OCDE. Así nos ubicamos en el 3er decil junto a las naciones más productivas del planeta. 

De acuerdo con CLAPES UC, desde los años 90 hasta 2017, Chile ha experimentado una reducción progresiva en las horas promedio trabajadas semanalmente (de 50 a 42). Esto coincide con un aumento en la productividad por hora trabajada en el país de acuerdo con datos de The Conference Board (2018). Los cuales posicionan a Chile como el segundo más productivo de Latinoamérica. A la fecha, Chile tiene niveles de productividad laboral más altos que los que tenían países que optaron por reducir sus jornadas laborales hace más de 50 años, tales como Australia, el cual actualmente tiene 3,6 veces más PIB per cápita. 

Reducción de la jornada laboral

Productividad laboral OCDE. Fuente: OCDE

Por otro lado, el economista Roberto Álvarez junto a su equipo publicaron un artículo el 2015 donde ofrecen evidencia empírica de los efectos positivos que tienen las innovaciones tecnológicas y no tecnológicas en la productividad del trabajo para el caso chileno. Un aspecto clave de las innovaciones no tecnológicas son las que tienen que ver directamente con la cultura de las organizaciones. Específicamente, como la manera en que las personas disponen de un tiempo que es cualitativamente valioso para desarrollar actividades creativas. En ese sentido, los datos del último Ranking C³, desarrollado por BRINCA junto a la Universidad del Desarrollo, muestran que en la medida que el tiempo para innovar es de mejor calidad, las empresas generan más innovaciones. Esto les permite aumentar su productividad y reducir sus jornadas laborales con foco en el bienestar y salud mental de sus colaboradores.

A continuación, presentamos algunos casos tradicionales en que la reducción de la jornada laboral generó beneficios en temas de innovación, productividad y salud mental.

El caso de Australia

Steve Glaveski, CEO de Collective Campus (una aceleradora de innovación con sede en Melbourne) realizó un experimento relacionado. Durante dos semanas junto a su equipo de trabajo, implementando una jornada laboral de seis horas. Los resultados fueron asombrosos; su equipo no sólo mantuvo los niveles de productividad de su jornada anterior, sino que aumentó la cantidad y calidad de su trabajo. Reportaron además un mejor bienestar psicológico pues sus colaboradores declararon tener más tiempo para descansar, estar con sus familias y amigos. Los principales desafíos que tuvieron que abordar para lograr esto fueron:

  • Una mejor priorización de tareas
  • Limitación de las interrupciones
  • Poner foco en los entregables a sus clientes. 
El caso de Alemania

Alemania es el país con la jornada laboral más corta entre las naciones pertenecientes a la OCDE y ha logrado desarrollar una cultura del trabajo altamente productiva. Esto se debe principalmente a su gestión las jornadas laborales, con un sistema muy abierto y poco jerárquico que tiende a acelerar procesos, una cultura centrada en el cierre de proyectos y procesos con plazos establecidos. Otro aspecto importante es el alto nivel de robotización y automatización de procesos que ha crecido un 7% anual desde el 2016.

El caso de Japón

Otra de las aristas en las que influye la duración de la jornada laboral es la salud mental y bienestar. Japón es un país con índices críticos de muertes por estrés laboral o exceso de trabajo, llegando a registrar hasta 10.000 muertes anuales por esta causa. Es por ello que fue pionera en legislar para permitir que sus trabajadores ingresaran más tarde un Lunes al mes. Aquello inició un ciclo de reformas en la cual se ha planteado incluso una jornada laboral de 4 días a la semana, alcanzando una implementación de a lo menos un 7% en empresas del país, las cuales han declarado no ver afectada su productividad.

Tres ejemplos de buenas prácticas para mejorar la gestión del tiempo en la innovación:

1.- Utilizar la matriz de Eisenhower

Muchos gestores de innovación ven mermada su productividad por carecer de herramientas para organizar sus tareas, ubicando actividades poco relevantes en el centro de sus prioridades. La matriz de Eisenhower ofrece una solución práctica a esta problemática, a través de dos ejes: nivel de importancia y nivel de urgencia. A partir de la combinación de éstos, sugiere acciones distintas para cada tipo de actividad.

Reducción de la jornada laboral
2.- Invertir en tiempo para la creatividad

3M y Google destinan un porcentaje fijo de la jornada laboral de sus colaboradores para actividades de innovación y nuevos proyectos (entre 15 y 20%). Semanalmente los empleados reportan sus avances y progresos, y pese a que este tiempo no exige necesariamente llegar a un nuevo producto o servicio, ambas compañías han entendido que una inversión en tiempo para innovación, en última instancia lo es también por productividad. Los resultados están a la vista.

3.- Implementar metodologías ágiles para el trabajo

Las metodologías ágiles son otra clave a la hora de optimizar el tiempo, ya que cuentan con la característica de adaptarse a las formas de los proyectos y contribuir a la optimización del resultado final. El foco principal es acortar los tiempos de desarrollo y “equivocarse rápido y barato”, es así como nos encontramos con conceptos como el “Daily Meeting” que busca generar iteraciones y monitorear avances diariamente en proyectos; kanban que busca una gestión eficiente de tareas a través del uso de softwares que ayudan a la gestión de ideas y proyectos como es el caso de innk.

Lo importante en este caso es encontrar una metodología adecuada para el tipo de proyecto, e incorporar en el proceso de raíz como una forma de trabajo y ejecución.

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