Septiembre y los volantines: o cómo Charlie Brown nos puede dar lecciones de gestión de la innovación.

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Escrito por: Rodrigo Pereira

| Septiembre 24, 2018 -

2 min. de lectura.

Entre muchos otros recuerdos, septiembre evoca la imagen de Charlie Brown y sus sempiternos esfuerzos por encumbrar un volantín, el cual, con gran tozudez la mayor parte del tiempo caerá al suelo. Podríamos extender este ejemplo al ámbito organizacional y recoger una importante lección; cuando seguimos los mismos métodos, es esperable que nuestros resultados no cambien.

Encumbrar un volantín tiene un sorprendente parecido con gestionar para creatividad y la innovación en las organizaciones. Existe un know how, etapas, procesos y metodologías que pueden seguirse para obtener resultados sustentables y diferenciadores. Las investigaciones en este ámbito coinciden en que la gobernanza de la innovación se erige a lo menos sobre cuatro pilares; cultura, personas, procesos y estrategia. Podemos homologar estos componentes a los tirantes de una cometa; si alguno de sus extremos está desbalanceado, será imposible elevarlo y su caída sólo develará un factum más que predecible.

También se requiere de un hilo (Liderazgos, Tiempo, Recursos e Incentivos) dispuesto en un carrete (Sistemas de Gestión) del cual los gestores y colaboradores deben saber cuándo tirar y ceder para garantizar que el barrilete logre encumbrarse. En ese sentido, es fundamental leer con agilidad el ecosistema y usarlo táctica y estratégicamente para impulsar el éxito de las ideas/proyectos que circulan en la organización.

Si obviamos las anomalías del terreno, lo más factible es que al correr para impulsar el vuelo de la cometa nos tropecemos con impericia, al igual que Charlie Brown cuando se lleva consigo a Snoopy. De igual manera, si no detectamos tempranamente la dirección de las corrientes de viento (dolores/necesidades de clientes/usuarios y tendencias) consumiremos demasiados recursos para sólo obtener resultados nulos o temporales.

Pero no todo es fracaso en la experiencia de Charlie Brown y su cometa. Con su persistencia, éste nos enseña la importancia de no perder de vista que la innovación organizacional es una actividad principalmente enriquecedora y divertida; así como celebramos nuestros éxitos (mejor clima, más EBITDA, engagement, ideas y capacidades de innovación, entre otros), los errores pueden devenir oportunidades de aprendizaje si se comparten entre sus participantes y se gestionan con inteligencia. Pero para que esto ocurra, se requiere paciencia, visión, trabajo y criterio.

Al igual que encumbrar una cometa, es posible que la gestión de la innovación en las organizaciones en un comienzo resulte frustrante y compleja, pero una vez que ésta se asienta en el cielo, los procesos se disfrutan y las perspectivas se transforman, ofreciéndonos visión de futuro y una imagen de la que podemos sentirnos orgullosos y orgullosas.

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